Cuando convivimos con animales, no vivimos separados de ellos. Compartimos un mismo espacio, rutinas, experiencias, cambios y vínculos que, con el tiempo, construyen una relación única entre cada persona y cada animal.
Un perro o un gato no vive sus experiencias de manera aislada. Su comportamiento está relacionado con su historia, sus características individuales, su entorno y las situaciones que atraviesa. Del mismo modo, nuestra propia forma de relacionarnos con ellos puede influir en cómo se sienten, cómo responden y cómo se desarrolla la convivencia.
Una mudanza, la llegada de otro animal, un cambio en las rutinas, una separación, un viaje, una visita al veterinario o una modificación importante en el entorno pueden representar experiencias diferentes para cada individuo. Lo que para nosotros puede parecer un cambio pequeño, para un animal puede significar una transformación importante de aquello que conoce y considera seguro.
Por eso, cuando hablamos de bienestar interespecie, no pensamos solamente en "el bienestar del animal" ni solamente en el de las personas. Hablamos de la relación que construimos y del entorno compartido en el que esa relación se desarrolla.
